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Atarazanas Reales y Museo Marítimo de Barcelona

Situado en la falda de Montjuïc, junto al Mediterráneo y frente al Monumento a Cristóbal Colón, el histórico edificio de las Atarazanas Reales de Barcelona alberga hoy el Museo Marítimo de Barcelona. Hoy en día, este edificio es uno de los pocos testimonios arquitectónicos medievales de este tipo que se conservan en todo el mundo. De gran belleza y espectacularidad, su origen debe buscarse en los siglos XIII y XIV, cuando la Corona de Aragón emprendió su aventura Mediterránea hacia Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.

El edificio, una auténtica catedral marítima, ocupa un total de 18.000m² en una sucesión de naves góticas sobre pilares, en los que antiguamente trabajaban los maestros carpinteros, veleros y calafates para dar vida a la flota de galeras que desde Barcelona navegó toda la Mar Mediterránea.

La pieza más admirada y valiosa del Museo marítimo es la reproducción a tamaño real de la Galera Real de Don Juan de Austria, construida en Barcelona y que capitaneó en 1571 a la escuadra cristiana de la Santa Liga frente al Imperio Otomano en la célebre batalla de Lepanto. Ocupa toda la nave central de las atarazanas, con sus 60 metros de eslora y 6,2m de manga. Su tripulación en batalla era de 400 hombres, de los cuales 236 eran remeros. Neptuno cabalgando sobre un delfín adorna su mascarón de proa, y un triple linternón que simboliza la Fe, la Esperanza y la Caridad remata la popa.

El Museo Marítimo es el espejo que refleja la gran aventura del hombre en el mar; gracias a su colección de más de 6.600 piezas, la más importante del sur de Europa. Barcelona ha crecido durante siglos de cara al Mediterráneo, y el Museo Marítimo es el punto de partida de una travesía llena de sorpresas, para conocer de cerca pequeñas historias de marineros, pescadores, piratas y comerciantes que, juntas, nos hacen comprender mejor esta relación tan estrecha entre el hombre y el mar.

La llegada de los europeos a América y las relaciones que se establecieron entre ambos continentes merecen especial atención en el museo. Unos modelos a escala de las tres carabelas del primer viaje de Cristóbal Colón nos introducen en un espacio pensado para situarnos en uno de los veleros para hacer las américas.

El espacio dedicado a la primera vuelta al mundo de Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano cuenta con una maqueta de la Victoria, la única nave que concluyó la epopeya. Con mapas, instrumentos y cartas, podemos ser partícipes del extraordinario proceso que culminó completamente en el siglo XIX y nos ofreció la imagen del mundo que todavía hoy tenemos.

El museo también muestra una extensa colección de maquetas de todo tipo de navíos: galeones, fragatas, corbetas, bergantines, polacras o goletas, sin olvidar los grandes buques transatlánticos de vapor o los pesqueros.

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